LE DESTRONARON:
Del
liberalismo a la apostasía. La tragedia conciliar , Mons. Marcel Lefebvre
Capítulo 7
Jesucristo, ¿Rey de las
Repúblicas?
La mayoría no hace la verdad, es la verdad que debe hacer la
mayoría.
Me queda mucho por decir sobre
el liberalismo. Pero querría hacer comprender bien que no son opiniones
personales las que propongo. Por eso presento documentos de los Papas y no
sentimientos personales, que se atribuirían fácilmente a una primitiva
formación recibida en el Seminario Francés de Roma. El Padre Le Floch, que era entonces el superior, ha tenido en efecto
una reputación muy marcada de tradicionalista. Se diría entonces de mí: ¡Fue
influenciado por lo que se le dijo en el seminario! Y bien, no niego esa
influencia, más aún, agradezco todos los días a Dios el haberme dado como
superior y maestro al Padre Le Floch.
Se lo acusó entonces de hacer política; ¡y Dios sabe que es todo lo contrario
de un crimen, el hacer la política de Jesucristo y suscitar hombres políticos
que usen todos los medios legítimos, incluso legales, para expulsar de la
sociedad a los enemigos de Nuestro Señor Jesucristo!
1
En realidad el Padre Le
Floch jamás se metió en la política, ni siquiera en el peor momento del
complot tramado contra la
Acción Francesa
2
y de la crisis subsiguiente, mientras era yo seminarista. En
cambio, de lo
1
¡No porque los obispos izquierdistas hagan política socialista o
comunista la Iglesia debe abstenerse de hacer política! La Iglesia tiene un
poder, sin duda indirecto, pero real, sobre el orden temporal y sobre la vida
de la sociedad. El
reinado social de N.S.J.C. es una
preocupación esencial de la Iglesia.
2
Periódico y movimiento político dirigidos por Charles Maurras, L’Action
Francaise (Acción Francesa en español) luchaba, basada en verdades naturales
sanas, contra el democratismo
liberal. Se la acusó falsamente de naturalismo. El Papa Pío XI, engañado, la
condenó. Su sucesor, Pío XII debió levantar esta sanción. Pero el mal estaba
hecho: 1926 marca en Francia una etapa decisiva en la ✭✭ocupación✮✮ de la Iglesia por la fracción
liberal, llamada ✭✭católica liberal✮✮.
41
42 7. Jesucristo,
¿Rey de las Repúblicas?
que el Padre
Le Floch sí nos
hablaba constantemente, era
del peligro del
modernismo, del movimiento Le Sillon, del liberalismo.
Basándose sobre las encíclicas de los Papas, el Padre Le Floch llegó a forjar en nosotros una convicción firme,
sólidamente apuntalada, fundada en la doctrina
inmutable de la Iglesia, sobre el peligro de esos
errores. Deseo comunicar esta misma convicción como
una antorcha que se transmite a la posteridad, como una luz que preservaría de
esos errores que reinan hoy más que nunca in ipsis Ecclesiae
venis et visceribus, en las venas
mismas y las entrañas de la Iglesia, como
decía San Pío X.
De ahí que poco importa, por ejemplo, mi pensamiento político
personal sobre el régimen que más conviene a Francia. Además los hechos hablan
por sí mismos: lo que la monarquía francesa no había logrado hacer, la
democracia lo ha realizado: cinco
revoluciones sangrientas (1789, 1830, 1848, 1870,1945), cuatro invasiones extranjeras (1815, 1870, 1914, 1940), dos
despojos de la Iglesia, expulsiones de las órdenes religiosas, supresiones de
escuelas católicas, laicización de las instituciones (1789 y 1901), etc... Sin
embargo, dirán algunos, el Papa León XIII pidió el Ralliement
3
de los católicos franceses
al régimen republicano 61
4
(Lo que, entre paréntesis, provocó una catástrofe política y
religiosa). Otros critican este acto de León XIII, calificándolo, así como a su
autor, de liberal. No creo que León XIII fuera un liberal, ni, menos aún, un
demócrata. No; creyó simplemente suscitar una buena combinación política para
el bien de la religión en Francia; pero
esto claro que olvidaba el origen y la constitución irremediablemente liberal,
masónica y anticatólica de la democracia francesa.
7.1. La
ideología democrática
Nacida del postulado liberal del individuo-rey, la ideología
democrática se construye entonces lógicamente; los individuos pasan al estado
social por un pacto convencional: el ✭✭contrato social✮✮, que es, dice Rousseau, una alienación total de cada asociado,
con todos sus derechos, respecto a toda la comunidad.
De allí vienen:
3
Ralliement o sea aceptación leal, participación, propiciada por
León XIII al régimen republicano francés. Significó la quiebra del monarquismo francés
y el ahogamiento de la resistencia más puramente católica [N. del T].
4
Cf. Encíclica
Au Milieu des Sollicitudes del 16 de febrero de 1892, a los obispos, cleros
y fieles de Francia, en E. P., págs. 454-462.
7.2. Condenación de la ideología democrática por los Papas 43
1. la necesaria soberanía popular: el pueblo es necesariamente
soberano, tiene el poder sólo de sí mismo y lo conserva, incluso después de
haber elegido a sus gobernantes.
2. la ilegitimidad de todo régimen que no tiene por base la
soberanía popular o cuyos gobernantes aseguren recibir el poder de Dios.
De allí, como consecuencia práctica:
1. la lucha para el establecimiento universal de la democracia.
2. la ✭✭cruzada
de las democracias✮✮,
contra todo régimen que hace referencia a la autoridad divina, calificado
entonces de régimen ✭✭sacral✮✮ y
✭✭absolutista✮✮. En relación a esto, el
tratado de Versalles de 1919, que suprimía las ´ultimas monarquías
verdaderamente cristianas, fue una victoria liberal y, en especial, masónica.
5
3. el reino político de las mayorías, que se supone expresan la
sacrosanta e infalible voluntad general.
Frente a ese democratismo que penetra ahora la Iglesia con la
colegialidad,
suelo repetir que la mayoría no hace la
verdad. ¿Qué puede ser construido sólidamente
fuera de la verdad y de la verdadera justicia hacia Dios y hacia
el prójimo?
7.2. Condenación
de la ideología democrática por los Papas. Los Papas no han cesado de
condenar esta ideología democrática. León XIII lo ha hecho ex profeso en
su encíclica
Diuturnum Illud que ya
he mencionado.
Muchos modernos, siguiendo las pisadas de
aquéllos, que en el siglo
anterior se dieron el nombre
de filósofos, dicen que
toda potestad viene del pueblo; por lo cual, los que ejercen la autoridad
civil, no la ejercen como suya, sino como otorgada por el pueblo; con esta
norma, la misma voluntad del pueblo, que delegó la potestad, puede revocar su
acuerdo. Los católicos discrepan de esta opinión al derivar de Dios como de su
principio natural y necesario, el
derecho de mandar.
5
Cf. H. Le Caron, Le
Plan de Domination Mondiale de la Contre-Eglise [El Plan de
Dominación Mundial de la Contra-Iglesia], Fideliter, Escurolles,
1985, pág. 22.
44 7. Jesucristo, ¿Rey de las Repúblicas?
Importa que anotemos aquí que los que han de gobernar las
repúblicas, pueden en algunos casos ser elegidos por la voluntad y juicio de la
multitud, sin que a ello se oponga ni le repugne la doctrina católica. Con esa elección
se designa ciertamente al gobernante, mas no se confieren los derechos de
gobierno, ni se le da la autoridad, sino que se establece aquí en la ha de
ejercer.
6
Por lo tanto toda
autoridad viene de Dios, incluso en democracia! Toda autoridad
viene de Dios. Esta es una verdad revelada y León XIII la
establece sólidamente por la Sagrada Escritura, la tradición de los
Padres, y finalmente, por la razón: una autoridad que emana
sólo del pueblo, no tendría fuerza para obligar en conciencia, bajo pena de pecado.
7
Ningún hombre tiene en sí o por sí la facultad de obligar en
conciencia la voluntad libre de los demás con los vínculos de tal autoridad. Únicamente
tiene esta potestad Dios Creador y Legislador de todas las cosas: los que esta
potestad ejercen, deben necesariamente ejercerla como comunicada por Dios.
8
Finalmente, León XIII muestra la
falsedad del contrato social de Rousseau,
que es el fundamento de la ideología democrática contemporánea.
7.3. La Iglesia
no condena al régimen democrático
Quiero señalar ahora que no toda democracia es liberal. Una
cosa es la
Ideología democrática, y otra, el régimen democrático; la
Iglesia condena la ideología, pero no el régimen, que es propiamente la
participación del pueblo en el poder. Ya Santo Tomás justificaba la legitimidad
del régimen democrático:
Que todos tengan una cierta parte en el gobierno, ayuda a que
sea conservada la paz del pueblo; a todos les gusta tal organización; y vigilan
para conservarla, como dice Aristóteles en el libro II de su Política.
9
6
En E. P., pág. 269, n. 2-3.
7
Podría obligar mediante
la amenaza de penas, pero ¡no es así, diría Juan XXIII en Pacem in Terris, que
se promueve la búsqueda individual del bien común! La autoridad es, más que
nada, una fuerza moral.
8
Encíclica Diuturnum
Illud, en E. P., pág. 270, n. 6.
9
I-II, cuest. 105, art. 1.
7.4. ¿Qué es
una democracia no liberal? 45
Sin preferir la democracia, el Doctor común
estima que el mejor régimen político es concretamente una monarquía en la cual
todos los ciudadanos tienen cierta participación en el poder, por ejemplo,
eligiendo a aquellos que han de gobernar a las órdenes del monarca; esto, dice
Santo Tomás, un régimen que alía bien la monarquía, la aristocracia y la
democracia.
10
La monarquía francesa del Antiguo Régimen, como
muchas otras, era más o menos de esa clase, a pesar de lo que digan los
liberales; existía entonces entre el monarca y la multitud de súbditos todo un
orden y una jerarquía de múltiples cuerpos intermedios, que sabían hacer valer
sus pareceres competentes ante la autoridad. La Iglesia católica no impone
preferencia por tal o cual régimen; admite que los pueblos elijan la forma de
gobierno más adaptada a su genio propio y a las circunstancias:
Nada impide que la Iglesia apruebe el gobierno de uno solo o de
muchos, con tal que sea justo y tienda al bien común. Por
eso, salva la justicia, no se prohíbe a los pueblos el que adopten aquel
sistema de gobierno que sea más apto y conveniente a su carácter o a los
institutos y costumbres de sus antepasados.
11
7.4. ¿Qué
es una democracia no liberal?
Confieso que una democracia no liberal es una especie rara, hoy
desaparecida, pero tampoco es enteramente una quimera, como lo prueba la república
de Cristo Rey, aquella del Ecuador de García Moreno en el siglo
pasado. He aquí entonces las características de una democracia no
liberal:
Primer principio: El principio de la soberanía
popular: en primer lugar, se limita al régimen democrático, y respeta la
legitimidad de la monarquía. Además, es radicalmente diferente de aquel de la democracia rousseauniana: el
poder reside en el pueblo sí, pero ni original ni definitivamente: es de Dios
que viene el poder al pueblo, de Dios Autor de la naturaleza social del hombre,
y no de los individuos-reyes. Y una vez que los gobernantes son elegidos por el
pueblo, este último no conserva el ejercicio de la soberanía.
12
10
Ibid.
11
León XIII, Encíclica Diuturnum Illud, en E. P., pág. 269, n. 3.
12
Cf. Diuturnum
Illud, citado más arriba y en Mons. de Ségur, La Revolución (expliquee aux
Jeunes Gens) [La Revolución (explicada a los Jóvenes)], Trident, Paris, 1989, págs.
71-73.
46 7. Jesucristo,
¿Rey de las Repúblicas?
Primera consecuencia: no gobierna una
multitud amorfa de individuos sino el pueblo en cuerpos constituidos: los
jefes de familia (quienes podrán legislar directamente en Estados muy
pequeños, como p. ej. el de Appenzell en Suiza), los paisanos y comerciantes,
industriales y obreros, grandes y pequeños propietarios, militares y
magistrados, religiosos, sacerdotes y obispos, es, como dice Mons. de Ségur, la
nación con todas sus fuerzas vivas, constituida en una representación
seria y capaz de expresar sus votos por sus verdaderos representantes y de
ejercer libremente sus derechos.
13
Pío XII a su vez distingue bien el pueblo y la masa:
Pueblo y multitud amorfa, o, como suele decirse, ✭✭masa✮✮, son dos conceptos
completamente diferentes. El pueblo vive y se mueve con vida propia; la masa
es de por sí inerte y no puede ser movida sino del exterior. El
pueblo vive de la plenitud de la vida de los hombres que lo integran, cada
uno de los cuales en su propio puesto y modo particular es una persona
consciente de su propia responsabilidad y de sus propias convicciones. La
masa, por el contrario, espera un impulso del exterior, es fácil
instrumento en manos de cualquiera que conozca sus instintos e
impresiones, y está pronta a seguir hoy una bandera y mañana otra.
14
Segunda consecuencia: Los gobernantes elegidos,
incluso si se los llama, como dice Santo Tomás, vicarios de la multitud, lo son
solamente en el sentido de que hacen en su lugar lo que ella no puede hacer por
sí misma, a
saber, gobernar. Pero el poder les viene de Dios de quien toda
paternidad en el cielo y sobre la tierra recibe su nombre (Ef. 3, 15).
Los gobernantes son por lo tanto responsables de sus actos primero ante Dios,
del cual son los ministros, y secundariamente ante el pueblo, por cuyo bien
común gobiernan.
Segundo principio: Los derechos de Dios (y los de su Iglesia, en una nación
católica) son puestos como fundamento de la constitución. El decálogo es
entonces el inspirador de toda la legislación.
Primera consecuencia: la ✭✭voluntad general✮✮ es nula si va contra los derechos de Dios. La mayoría
no ✭✭hace✮✮ la verdad, ella debe
mantenerse en la verdad, bajo pena de una perversión de la democracia. Pío XII
subraya con
13
Op. cit. pág. 73.
14
Radio Mensaje de Navidad de 1944.
7.4. ¿Qué es
una democracia no liberal? 47
Razón el peligro inherente al régimen democrático, y contra el
cual la constitución debe reaccionar: el peligro de despersonalización, de
masificación y de manipulación de la multitud por grupos de presión y mayorías
artificiales.
Segunda consecuencia: la democracia no es laica,
sino abiertamente cristiana y católica. Se conforma a la doctrina social de la
Iglesia en lo concerniente a la propiedad privada, el principio de
subsidiariedad, y a la educación, dejándola al cuidado de la Iglesia y de los
padres, etc...
Resumiendo: la democracia, no menos que otro régimen, debe
realizar el reino social de Nuestro Señor Jesucristo. La democracia debe
también tener un Rey: Jesucristo.
8.3. Consecuencias últimas
De
modo que en esta situación política de que hoy día muchísimos se han encariñado, ya se ha formado una
costumbre y tendencia, o de quitar completamente de en medio a la Iglesia, o de
tenerla atada y sujeta al Estado.
En
gran parte se inspira en estos designios lo que los gobernantes hacen. Las
leyes, la administración pública, la enseñanza laica de la juventud,
la incautación de los bienes, y la supresión de las órdenes religiosas
como la destrucción del poder temporal de los Romanos Pontífices, todo
obedece al fin de herir el nervio vital de las instituciones cristianas,
sofocar la libertad de la Iglesia Católica y triturar sus otros derechos.