miércoles, 9 de marzo de 2016

BOLETÍN No 211 : VICIA TU VOTO SALVAGUARDA DEMOCRÁTICA


¿Qué podemos hacer los peruanos ante esta pantomima y fanfarria política? -- ¿Acaso no podemos desde nuestra propia voluntad darle atajos a estos miserables hombres engañadores? , Alan García, Guzmán, Acuña, Keiko, Toledo, P.P.Kuczynski , Verónica Mendoza…etc., en absoluto todos están podridos, además del redil de empresarios y banqueros que acondicionan bajo el escondite del oscuro poder.

Pienso que si podemos viciar el voto,  enseñados estamos  que la democracia es el pueblo con poder, pues así dicen los académicos que el pueblo elige libremente (jejeje) a su candidato favorito de acuerdo con intachable hoja de vida para que nos gobierne.  Que decepcionante ninguno tiene un curriculum intachable sino manchado con lujuria, robo, estupro, alcohol, mentira y traición. De ellos son capaces vender las riquezas de la Patria al más vil interés extranjero como bien sabemos cada uno de los 30 millones de peruanos que nuevamente vamos a las urnas, sino son capaces además de violentar los principios de todo orden natural y escupirle masónicamente a la cara del Dios Omnipotente.

La mayoría de los candidatos hacen consorcio con la ideología de género y del sicariato de la muerte sobre el asunto del crimen del aborto.  Los auspiciadores y financistas de estos recursos anti-vida  vienen de la presión con el juego extorsionador extranjero cuando el Perú desea préstamos para los planes de desarrollo, el acápite en estos  acuerdos es la implantación si o si en el sistema jurídico de la Nación. 

(mayor información haga clic )……

...ABORTO

Si en democracia es el pueblo que elige su destino, y si no hay ningún candidato de alturas morales y patrióticos, entonces --- ¿porque seguir votando por estos corruptos? --- ¿por qué ese masoquismo político de nuevamente elegir al que ya sabemos que es el peor?  --- otra pregunta enfermiza se suscita de esto. Pero si no hay – y ¿por quién votaremos ?--- Ah ya, por el mal menor - engaño tras engaño para el ciudadano peruano aborregado.  

Los outsiders son creaciones de los poderes ocultos en política experimental es como una nueva enfermedad en un cuerpo ya enfermo que aparece cuando el pueblo desesperanzado se nota que se cansa de los candidatos de los partidos tradicionales, surge “nuevos” con etiquetas luminosas de <<mesías>>, con discursos ya prescritos que agraden a los oídos de los ciudadanos manipulados por la prensa coludida y hacerles creer que ellos han de solucionar los problemas socios-económicos que tienen coyuntura en el sistema.  Elegirlos como mal menor (dudas a riesgo) es peligrosísimo, ya como dije en este caso sería como un tumor detectado como maligno pero el diagnostico se le oculta al pobre pueblo iluso que ve TV basura. Ojalá podamos entendernos sobre todo recurro a la fe e inteligencia de los católicos tradicionales



Viciar nuestro voto aparte de QUE es un procedimiento legal también es recurrente moral, y el católico ha de tomar nota con responsabilidad y usarlo con estrategia para independizarnos del propio sistema engañoso que estamos obligados a tolerar que por el simple hecho de que estamos en democracia. Viciar el voto es libertad además de no permitirle ganar al enemigo enmascarado de virtud y progreso. Es un rigor de fe católica, patriotismo, salvaguarda de la familia y trascendencia. 

Como decía el Dr. Julio Vargas Prada“¿Su candidato tiene alguna política definida al respecto? ¡Hay tanto intereses de por medio!  Si los aspectos fundamentales son positivos surgirá la grata opción de votar a favor.  ¡Nunca por el MAL menor! ¡Siempre por el BIEN! ¿Y si ninguno de los candidatos satisface estas exigencias primordiales?  Entonces… ¡paso a los planes de Dios!  Asuma su responsabilidad con valor, pensando si ese voto suyo es una ofrenda o un salivazo al Cristo que muere por todos nosotros.  Y cruce la Cédula con el grito militante de un buen católico estampando un ¡VIVA CRISTO REY!   Será un voto viciado para los hombres y un homenaje justísimo al Señor de los Milagros, caudillo del dolor del perdón y del amor.” (-Libro Parte de Guerra-).

 Para mayor información lea  EL VOTO CATÓLICO .
o El inconveniente MAL MENOR 

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viernes, 12 de febrero de 2016

BOLETÍN No 210 : UN ASUNTO TAN DELICADO COMO PARA PERDER LA FE : MINISTROS EXTRAORDINARIOS DE LA COMUNIÓN

Ante los graves vistos ya en todas las parroquias del mundo sobre los abusos que cometen fieles y no muchos sacerdotes tambien contra el DIVINO SACRAMENTO (discutido ante estos eventuales sacrílegos que a teólogos serios han retomado nuevamente el tema de la validez del Novus Ordo Missae de Paulo VI en 1969).

Todo parte del último concilio Vaticano II que como Caballo de Troya los enemigos de la fe han logrado despedazar como <<lobos feroces>> la Doctrina Santa de la Religión , que al mirarla en estos últimos tiempos nos parece verla herida de vejámenes por la pérdida de identidad y santidad.  Por el momento debo callar y dar paso a este importante documento de valiente escritura , muestro una prueba más, que no soy el único que piensa que los ministros extraordinarios de la comunión es una cosa predispuesta por Dios , de ninguna manera lo es . Volvamos a la cordura.

Carta de renuncia como Ministro Extraordinario de la Comunión




Hemos Visto
Escrito por Hemos Visto
Sábado, 06 de febrero 2016
Estimado Reverendo padre Sur…,
Ref.: Renuncia como Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión
P
or favor acepte esta carta como renuncia a mi cargo como Ministro Extraordinario de la Santa Comunión, con efecto inmediato. Confío en que el gran número de ministros extraordinarios designados en nuestra parroquia durante los últimos dos años proporcionará una cobertura adecuada para la posición que dejo.
Mi decisión de renunciar, antes de que termine mi compromiso en 18 meses, se debe a una larga y cuidadosa consideración de todos los factores teológicos y prácticos sobre la Sagrada Comunión, y que voy a explicar a continuación. Me gustaría hacer hincapié sobre mi relación con los líderes del ME (Ministerio de Eucaristía) y los colegas ministros, ha sido siempre armoniosas, y aparte de 4 feligreses que todavía pueden sentirse molestos conmigo por haberles negado la Santa Comunión por no decir ‘Amén’ en el momento justo, creo que mi amistad con los miembros de la familia de la Iglesia de la Sagrada Familia, permanece sólida e intacta.
Mi decisión se reduce a un descubrimiento más profundo de la Sagrada Tradición perteneciente a las sagradas especies. El deseo de ser obediente a las enseñanzas de nuestros Padres de la Iglesia y a los sucesores de San Pedro a lo largo de los siglos, me llevaron a este humilde momento en mi viaje espiritual. Estoy convencido de que los laicos como yo, no están de manera alguna en la posición de manejar y suministrar la Santa Eucaristía. Voy a presentar Escritura, Tradición y las enseñanzas de los Padres de la Iglesia, en particular, Santo Tomás de Aquino, para apoyar mi argumento.
Hace unos 12 meses, tenía curiosidad por descubrir la forma preferida prescrita por la Iglesia a lo largo de los siglos para recibir la Santa Eucaristía. Estaba decidido ir hacia atrás, a los antecedentes, tanto como fuera posible, así que empecé mi estudio sobre documentos de la Iglesia. Estaba ampliamente satisfecho, que en el Catecismo del Concilio de Trento, se menciona que la forma preferida era recibirla la Comunión de rodillas y en la lengua. Curiosamente, también descubrí desde el Catecismo que la Iglesia siempre ha prohibido a los laicos tocar las Sagradas Especies. La administración de la Santa Eucaristía a los fieles siempre ha sido reservada a las manos consagradas de los sacerdotes (que actúan ‘in persona Christi’, ‘en la persona de Cristo’), mientras que a los laicos siempre se les ha prohibido tocar el Santísimo Sacramento.
El pasaje clave es la siguiente: “A fin de salvaguardar en todo lo posible la dignidad de sacramento tan augusto, no sólo es el poder de su administración conferido exclusivamente a sacerdotes, pero la Iglesia también ha prohibido a las personas no consagradas, a menos que por algún caso de gran necesidad se requiera su intervención, de atreverse a manipular o tocar los vasos sagrados, la ropa u otros instrumentos necesarios para la Consagración. Los sacerdotes mismos y el resto de los fieles pueden por lo tanto comprender cuán grande debe ser la piedad y la santidad de los que se acercan a consagrar, administran o reciben la Eucaristía”. (Catecismo del Concilio de Trento).
De acuerdo con el Catecismo del Concilio de Trento, esta práctica de preservar la dignidad del Sacramento, limitando su manejo exclusivamente a sacerdotes, se remonta a los tiempos apostólicos (el énfasis es del autor):
“Debe ser enseñado, entonces, que solo a los sacerdotes se les ha dado el poder de consagrar y administrar a los fieles la Santa Eucaristía. Que esta ha sido la práctica invariable de la Iglesia, que los fieles deben recibir el Sacramento de los sacerdotes, y que los sacerdotes oficiantes deben comunicar a sí mismos, como se ha explicado por el santo Concilio de Trento, que también se ha demostrado que esta práctica, procede de la tradición Apostólica, y debe ser religiosamente conservada, especialmente porque Cristo el Señor nos ha dejado un ilustre ejemplo de la misma, después de haber consagrado Su Propio Cuerpo más sagrado, y lo ha dado a los Apóstoles con Sus Propias Manos”. (Catecismo del Concilio de Trento)
El Catecismo de Trento afirma que el poder de consagrar y administrar la Santa Eucaristía está reservado exclusivamente a un sacerdote válidamente ordenado (con la excepción de alguna emergencia, como se muestra arriba, que me referiré en detalle más adelante), y esta práctica es parte de la Tradición Apostólica, y va todo el camino de vuelta a la misma Cena del Señor. Como estamos de acuerdo, fue en el aposento alto cuando nuestro Señor instituyó el Sacramento de la Eucaristía y el Sacerdocio, lo que explica por qué sólo un sacerdote puede auto-comunicarse, de acuerdo con los apóstoles.
Esta práctica ha sido imitada por muchos Santos Padres a lo largo de la historia de la Iglesia. Por ejemplo, “No hay nada que pertenezca más a la Iglesia y no hay nada que Jesucristo quisiera tener más estrechamente reservado para sus pastores que la dispensación de los sacramentos que Él instituyó.” (Papa Gregorio XVI, Commissum Divinitus, 1835). Muy pocos obispos prestan hoy la menor atención a la amonestación de San Juan Pablo II en su carta Dominicae Cenae del 24 de febrero de 1980: “Tocar las sagradas especies y distribuirlas con sus propias manos es un privilegio de los ordenados”.
Los decretos de los consejos anteriores en la historia de la Iglesia fueron aún más decisivos en sus palabras:
  • Consejo de Zaragoza (380 A.C.): puso en marcha la excomunión a los que se atrevieron a tratar a la Santísima Eucaristía como si estuvieran en un tiempo de persecución, un tiempo en el que incluso los laicos se encontrarían en la necesidad de tocar las Sagradas Especies con sus manos. (SAENZ DE AGUIRRE, Notitia Concilorum Hispaniae, Salamanca, 1686, pág. 495);
  • San Eutiquiano, Papa de 275 a 283 D.C., para que los laicos no toquen las sagradas especies con sus manos, les prohibió llevar el Santísimo Sacramento a los enfermos: “Nullus praesumat tradere communionem laico vel femminae anuncio deferendum infirmo” (Que ninguno se atreva a consignar la Sagrada Comunión a un hombre o una mujer para que la lleven a los enfermos) (PL V, coll.163-168) laico; y
  • El Consejo de Rouen (alrededor del año 650): prohibió al ministro de la Eucaristía colocar las sagradas especies en la mano de los comulgantes laicos. ‘El que lo haga, habrá transgredido estas normas, desprecia a Dios Todopoderoso y, al hacerlo, se han deshonrado a sí mismos y deben ser retirados del altar’. (PG, vol. X, coll. 1099-1100).
Los más grandes teólogos de la Iglesia también han afirmado que la dispensación de la Santa Eucaristía está reservada exclusivamente para los sacerdotes cuyas manos son consagradas para este fin. “Los laicos están oficialmente incapacitados para dispensar cualquier sacramento y el hecho de que puedan bautizar en caso de necesidad, se debe a la dispensación Divina, con el fin de que nadie quede privado de la regeneración espiritual.” (Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia). En otras palabras, Santo Tomás enseña que el único Sacramento, que un laico como yo puede administrar, es el Bautismo, y sólo en el caso de necesidad. No hay tal cosa como una pequeña instancia diseñada para la distribución de la Eucaristía. El gran doctor explica el por qué: “La dispensación del cuerpo de Cristo pertenece al sacerdote por tres razones: En primer lugar, porque el consagra en la persona de Cristo, así como Cristo consagró su cuerpo en la cena, por lo que Él dio su cuerpo a otros para ser comido. En consecuencia, así como la consagración del cuerpo de Cristo pertenece al sacerdote, así también le pertenece su distribución. Segundo porque el sacerdote es el intermediario designado entre Dios y el pueblo, por lo que le pertenece a él ofrecer los dones del pueblo a Dios, por lo que él es el indicado para entregar los regalos consagrados a la gente. En tercer lugar, porque por reverencia hacia este sacramento, nada lo toca, excepto lo que es consagrado; por lo tanto, el corporal y el cáliz son consagrados, y del mismo modo las manos del sacerdote, que pueden tocar este sacramento. Por ello, no es lícito que cualquier otra persona lo toque, excepto por necesidad, por ejemplo, si fuera a caer sobre el suelo, o bien en algún otro caso de emergencia”.
Como puede verse, es ilegal que un laico toque la Eucaristía o la distribuya, excepto en un grave caso de necesidad. Tradicionalmente, estas circunstancias graves incluyen: recogerla si se hubiera caído al suelo, si se enfrenta una persecución y no hay ningún sacerdote o diácono alrededor, y para todos los ermitaños que viven en el desierto (San Basilio el Grande, Doctor de la Iglesia, c. 369 DC). Incluso el documento post conciliar, emitido el 29 de enero de 1973, Immensae caritatis, por la Sagrada Congregación para el Culto Divino, también indica claramente que la designación y el uso de Ministros Extraordinarios se limite a casos realmente necesarios.
Cuando miro la Sagrada Escritura, hay numerosos pasajes que me convencieron de que el indigno manejo del Santísimo Sacramento trae graves consecuencias. “Así, pues, quien come el pan y bebe el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Examínese, pues el hombre a sí mismo y entonces coma del pan y beba del cáliz;” pues el que sin discernir come y bebe el cuerpo del Señor, se come y bebe su propia condenación. Por esto hay entre vosotros muchos flacos y débiles, y muchos dormidos.” (1Cor 11, 27-30). Durante la época del rey David, cuando Uzza tocó el arca de la alianza que era un privilegio exclusivo de los levitas, la ira de Dios se encendió contra él y cayó muerto (cf. 2 Sam. 6, 6-7). Esto me recuerda al Catecismo del Concilio de Trento: “Nunca hay que olvidar que los Sacramentos, a pesar de que no pueden perder la eficacia divina inherente a ellos, traen la muerte y de la destrucción eterna de aquel que se atreve administrarlos indignamente.”
En el Nuevo Testamento, leemos que la bendita Virgen, al aceptar la misión de ser la madre de nuestro Señor, y llevarlo en su vientre durante nueve meses, es tan justamente honrada hasta el punto en que todas las generaciones la llamarán bienaventurada; si el bendito Bautista tembló y no se atrevió a tocar la santa cabeza de Jesús en el Jordán; si la tumba en la que yacía desde hace algún tiempo es tan venerada, y el sudario que cubría su cuerpo crucificado es venerado como una reliquia, entonces cuan santa, justa y digna debe ser la persona que toca al Señor con sus manos, lo recibe en su corazón y boca, y lo ofrece a otros para ser recibido.
El mensaje de la Escritura y la Tradición sagrada es claro: el manejo y la distribución de la Santa Eucaristía es un ministerio reservado para las manos consagradas de los sacerdotes, excepto en los casos de grave necesidad. Sugiero fuertemente que la mayoría de las parroquias en el mundo, incluyendo la nuestra, donde se están experimentando tales circunstancias graves y abrumadoras, que demandan que la Eucaristía sea administrada por los laicos, no sean colocados en una posición tan contraria a la Tradición. Claramente, no hay más que mirar los frutos de esta práctica para ver que su introducción ha causado un gran daño. Como consecuencia directa de este ministerio laico, que no tiene precedentes históricos en lo absoluto, junto con permitir a los fieles a recibir la comunión en la mano, la fe en la Presencia Real ha caído en picada, las funciones sacerdotales están confundidas, la reverencia y el respeto por la Santa Eucaristía están en fuerte descenso, y los miembros seleccionados de los fieles se están en la situación de potencial sacrilegio.
Para aquellos que sostienen que la Misa se ​​prolongaría indebidamente si no hubiera ministros extraordinarios laicos de la Santa Comunión (por lo tanto, calificándolo como una necesidad grave), se les puede pedir una relación de la cantidad de tiempo que pasan cada semana viendo televisión, navegando en Facebook y contemplando sus celulares. También se les podría recordar que el tiempo adicional puede ser muy provechoso para la acción de gracias por el gran don de la Eucaristía.
Objetivamente, yo sabía que tenía que alejarme del ministerio, en obediencia a la verdad y el dictado de mi conciencia. Sin embargo, me quedé allí por un poco más de tiempo, porque me dije que estaba sirviendo a la gente, especialmente a la gente que no puede salir de su hogar. “Necesito que todos lleven a Jesús a las casas donde la gente no puede salir porque yo estoy demasiado ocupado” así nos decía el sacerdote durante nuestra sesión de formación, de hecho estamos viviendo en tiempos extraños en los que sacerdotes se dedican a actividades que los laicos podrían llevar a cabo, mientras que los laicos comprometen su trabajo de llevar la Comunión a los enfermos, es totalmente extraño, una personificación de montaje de la ética de la Iglesia en la actualidad. Con los años he administrado el Santísimo Sacramento a los enfermos, los postrados en cama, santos de 80 años que besan mis manos cada vez que digo adiós, a la señora que acaba de sobrevivir la cirugía del cerebro, la mujer de edad avanzada en los hogar de ancianos, y sí, a mi propia abuela cuando ella llegaba a su fin. Escuché sus historias, y sufrí cuando me iban a contar la misma historia de nuevo la próxima semana debido a los recuerdos que se desvanecen. Contenía las lágrimas cuando sus familiares me decían que la Eucaristía era todo lo que mantenía viva a su madre la semana que falleció. Por mucho que me dije a mí mismo que esta disposición es probablemente la mejor lo que la Iglesia tiene para ofrecerles, sabía que si yo hubiera estado en su condición, yo hubiera querido un sacerdote, ordenado en el ORDEN SAGRADO, que me diera la comodidad de Nuestro Señor Jesús, que se consagró a sí mismo a tal efecto, con la autoridad investida en él por la Iglesia Católica Romana, el Cuerpo Místico de Nuestro Señor.
Suyo en Cristo,
Norman Chia

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lunes, 26 de octubre de 2015

BOLETÍN No 208 : CRISTO REY - QUA PRIMAS Y LO DESTRONARON - MONSEÑOR M. LEFEBVRE



Me da mucha pena y también un justificado coraje cuando veo que a Nuestro Señor Jesucristo no se le respeta en la sociedad de nuestras comunidades y países por el cual nos hacemos llamar católicos. Me da mucha pena esa contradicción indolente, aún más dentro de la Iglesia hay desprecio por parte de los que han sido elegidos para guiarnos y pastorearnos en el camino de la Verdad .  Uno se pregunta ---¿ que pasa entonces ? --- ¿ por que tanto odio ? , retumba el alma saber que una vez NSJ le revelaba a una alma mística ---"que los que más duele a mi Sacratísimo Corazón es la traición de los míos " ---de seguro un dolor que le hace sufrir y sangrar a Nuestro Divino Redentor ---y ver ---que casi nadie repara las ofensas al Dulcísmo Jesús, que yace solo en el sufriemiento de la ingratiotud, no solo de sus religiosos sino de una buena parte de su pueblo rescatado con su Preciosísima Sangre. Dejando mis comentarios , con humildad dejo alzar la voz de la Iglesia escrita en QUAS PRIMAS y en la sapienza del Obispo de Econe que sabrán iluminanrnos mejor antes las tinieblas imperantes de la actualidad confusa en que estamos sumergidos. 

Extractos de la Encíclica de Pio XI

La «paz de Cristo en el reino de Cristo»

1. Por lo cual, no sólo exhortamos entonces a buscar la paz de Cristo en el reino de Cristo, sino que, además, prometimos que para dicho fin haríamos todo cuanto posible nos fuese. En el reino de Cristo, dijimos: pues estábamos persuadidos de que no hay medio más eficaz para restablecer y vigorizar la paz que procurar la restauración del reinado de Jesucristo.
2. Entre tanto, no dejó de infundirnos sólida, esperanza de tiempos mejores la favorable actitud de los pueblos hacia Cristo y su Iglesia, única que puede salvarlos; actitud nueva en unos, reavivada en otros, de donde podía colegirse que muchos que hasta entonces habían estado como desterrados del reino del Redentor, por haber despreciado su soberanía, se preparaban felizmente y hasta se daban prisa en volver a sus deberes de obediencia.
Y todo cuanto ha acontecido en el transcurso del Año Santo, digno todo de perpetua memoria y recordación, ¿acaso no ha redundado en indecible honra y gloria del Fundador de la Iglesia, Señor y Rey Supremo?


I. LA REALEZA DE CRISTO



6. Ha sido costumbre muy general y antigua llamar Rey a Jesucristo, en sentido metafórico, a causa del supremo grado de excelencia que posee y que le encumbra entre todas las cosas creadas. Así, se dice que reina en las inteligencias de los hombres, no tanto por el sublime y altísimo grado de su ciencia cuanto porque El es la Verdad y porque los hombres necesitan beber de El y recibir obedientemente la verdad. Se dice también que reina en las voluntades de los hombres, no sólo porque en El la voluntad humana está entera y perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino también porque con sus mociones e inspiraciones influye en nuestra libre voluntad y la enciende en nobilísimos propósitos. Finalmente, se dice con verdad que Cristo reina en los corazones de los hombres porque, con su supereminente caridad(1) y con su mansedumbre y benignidad, se hace amar por las almas de manera que jamás nadie entre todos los nacidos ha sido ni será nunca tan amado como Cristo Jesús. Mas, entrando ahora de lleno en el asunto, es evidente que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la potestad de Rey; pues sólo en cuanto hombre se dice de El que recibió del Padre la potestad, el honor y el reino(2); porque como Verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio de la divinidad y, por tanto, poseer también como el Padre el mismo imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas.


a) En el Antiguo Testamento

7. Que Cristo es Rey, lo dicen a cada paso las Sagradas Escrituras.
Así, le llaman el dominador que ha de nacer de la estirpe de Jacob(3); el que por el Padre ha sido constituido Rey sobre el monte santo de Sión y recibirá las gentes en herencia y en posesión los confines de la tierra(4). El salmo nupcial, donde bajo la imagen y representación de un Rey muy opulento y muy poderoso se celebraba al que había de ser verdadero Rey de Israel, contiene estas frases: El trono tuyo, ¡oh Dios!, permanece por los siglos de los siglos; el cetro de su reino es cetro de rectitud(5). Y omitiendo otros muchos textos semejantes, en otro lugar, como para dibujar mejor los caracteres de Cristo, se predice que su reino no tendrá límites y estará enriquecido con los dones de la justicia y de la paz: Florecerá en sus días la justicia y la abundancia de paz... y dominará de un mar a otro, y desde el uno hasta el otro extrema del orbe de la tierra(6).
8. A este testimonio se añaden otros, aún más copiosos, de los profetas, y principalmente el conocidísimo de Isaías: Nos ha nacido un Párvulo y se nos ha dado un Hijo, el cual lleva sobre sus hombros el principado; y tendrá por nombre el Admirable, el Consejero, Dios, el Fuerte, el Padre del siglo venidero, el Príncipe de Paz. Su imperio será amplificado y la paz no tendrá fin; se sentará sobre el solio de David, y poseerá su reino para afianzarlo y consolidarlo haciendo reinar la equidad y la justicia desde ahora y para siempre(7). Lo mismo que Isaías vaticinan los demás profetas. Así Jeremías, cuando predice que de la estirpe de David nacerá el vástago justo, que cual hijo de David reinará como Rey y será sabio y juzgará en la tierra(8). Así Daniel, al anunciar que el Dios del cielo fundará un reino, el cual no será jamás destruido..., permanecerá eternamente(9); y poco después añade: Yo estaba observando durante la visión nocturna, y he aquí que venía entre las nubes del cielo un personaje que parecía el Hijo del Hombre; quien se adelantó hacia el Anciano de muchos días y le presentaron ante El. Y diole éste la potestad, el honor y el reino: Y todos los pueblos, tribus y lenguas le servirán: la potestad suya es potestad eterna, que no le será quitada, y su reino es indestructible(10). Aquellas palabras de Zacarías donde predice al Rey manso que, subiendo sobre una asna y su pollino, había de entrar en Jerusalén, como Justo y como Salvador, entre las aclamaciones de las turbas(11), ¿acaso no las vieron realizadas y comprobadas los santos evangelistas?

b) En el Nuevo Testamento

9. Por otra parte, esta misma doctrina sobre Cristo Rey que hemos entresacado de los libros del Antiguo Testamento, tan lejos está de faltar en los del Nuevo que, por lo contrario, se halla magnífica y luminosamente confirmada.
En este punto, y pasando por alto el mensaje del arcángel, por el cual fue advertida la Virgen que daría a luz un niño a quien Dios había de dar el trono de David su padre y que reinaría eternamente en la casa de Jacob, sin que su reino tuviera jamás fin(12), es el mismo Cristo el que da testimonio de su realeza, pues ora en su último discurso al pueblo, al hablar del premio y de las penas reservadas perpetuamente a los justos y a los réprobos; ora al responder al gobernador romano que públicamente le preguntaba si era Rey; ora, finalmente, después de su resurrección, al encomendar a los apóstoles el encargo de enseñar y bautizar a todas las gentes, siempre y en toda ocasión oportuna se atribuyó el título de Rey(13) y públicamente confirmó que es Rey(14), y solemnemente declaró que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra(15). Con las cuales palabras, ¿qué otra cosa se significa sino la grandeza de su poder y la extensión infinita de su reino? Por lo tanto, no es de maravillar que San Juan le llame Príncipe de los reyes de la tierra(16), y que El mismo, conforme a la visión apocalíptica, lleve escrito en su vestido y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de los que dominan(17). Puesto que el Padre constituyó a Cristo heredero universal de todas las cosas(18), menester es que reine Cristo hasta que, al fin de los siglos, ponga bajo los pies del trono de Dios a todos sus enemigos(19).



LE DESTRONARON: 

Del liberalismo a la apostasía. La tragedia conciliar , Mons. Marcel Lefebvre


Capítulo 7

Jesucristo, ¿Rey de las
Repúblicas?

La mayoría no hace la verdad, es la verdad que debe hacer la mayoría.
Me queda mucho por decir sobre el liberalismo. Pero querría hacer comprender bien que no son opiniones personales las que propongo. Por eso presento documentos de los Papas y no sentimientos personales, que se atribuirían fácilmente a una primitiva formación recibida en el Seminario Francés de Roma. El Padre Le Floch, que era entonces el superior, ha tenido en efecto una reputación muy marcada de tradicionalista. Se diría entonces de mí: ¡Fue influenciado por lo que se le dijo en el seminario! Y bien, no niego esa influencia, más aún, agradezco todos los días a Dios el haberme dado como superior y maestro al Padre Le Floch. Se lo acusó entonces de hacer política; ¡y Dios sabe que es todo lo contrario de un crimen, el hacer la política de Jesucristo y suscitar hombres políticos que usen todos los medios legítimos, incluso legales, para expulsar de la sociedad a los enemigos de Nuestro Señor Jesucristo!
1
En realidad el Padre Le Floch jamás se metió en la política, ni siquiera en el peor momento del complot tramado contra la Acción Francesa
2
y de la crisis subsiguiente, mientras era yo seminarista. En cambio, de lo
1
¡No porque los obispos izquierdistas hagan política socialista o comunista la Iglesia debe abstenerse de hacer política! La Iglesia tiene un poder, sin duda indirecto, pero real, sobre el orden temporal y sobre la vida de la sociedad. El reinado social de N.S.J.C. es una preocupación esencial de la Iglesia.
2
Periódico y movimiento político dirigidos por Charles Maurras, L’Action Francaise (Acción Francesa en español) luchaba, basada en verdades naturales sanas, contra el democratismo liberal. Se la acusó falsamente de naturalismo. El Papa Pío XI, engañado, la condenó. Su sucesor, Pío XII debió levantar esta sanción. Pero el mal estaba hecho: 1926 marca en Francia una etapa decisiva en la ✭✭ocupación✮✮ de la Iglesia por la fracción liberal, llamada ✭✭católica liberal✮✮.
41
42 7. Jesucristo, ¿Rey de las Repúblicas?
que el Padre Le Floch sí nos hablaba constantemente, era del peligro del
modernismo, del movimiento Le Sillon, del liberalismo. Basándose sobre las encíclicas de los Papas, el Padre Le Floch llegó a forjar en nosotros una convicción firme, sólidamente apuntalada, fundada en la doctrina inmutable de la Iglesia, sobre el peligro de esos errores. Deseo comunicar esta misma convicción como una antorcha que se transmite a la posteridad, como una luz que preservaría de esos errores que reinan hoy más que nunca in ipsis Ecclesiae venis et visceribus, en las venas mismas y las entrañas de la Iglesia, como decía San Pío X.
De ahí que poco importa, por ejemplo, mi pensamiento político personal sobre el régimen que más conviene a Francia. Además los hechos hablan por sí mismos: lo que la monarquía francesa no había logrado hacer, la democracia lo ha realizado: cinco revoluciones sangrientas (1789, 1830, 1848, 1870,1945), cuatro invasiones extranjeras (1815, 1870, 1914, 1940), dos despojos de la Iglesia, expulsiones de las órdenes religiosas, supresiones de escuelas católicas, laicización de las instituciones (1789 y 1901), etc... Sin embargo, dirán algunos, el Papa León XIII pidió el Ralliement
3
de los católicos franceses
al régimen republicano 61
4
(Lo que, entre paréntesis, provocó una catástrofe política y religiosa). Otros critican este acto de León XIII, calificándolo, así como a su autor, de liberal. No creo que León XIII fuera un liberal, ni, menos aún, un demócrata. No; creyó simplemente suscitar una buena combinación política para el bien de la religión en Francia; pero esto claro que olvidaba el origen y la constitución irremediablemente liberal, masónica y anticatólica de la democracia francesa.

7.1. La ideología democrática

Nacida del postulado liberal del individuo-rey, la ideología democrática se construye entonces lógicamente; los individuos pasan al estado social por un pacto convencional: el ✭✭contrato social✮✮, que es, dice Rousseau, una alienación total de cada asociado, con todos sus derechos, respecto a toda la comunidad.

De allí vienen:
3
Ralliement o sea aceptación leal, participación, propiciada por León XIII al régimen republicano francés. Significó la quiebra del monarquismo francés y el ahogamiento de la resistencia más puramente católica [N. del T].
4
Cf. Encíclica Au Milieu des Sollicitudes del 16 de febrero de 1892, a los obispos, cleros
y fieles de Francia, en E. P., págs. 454-462.
7.2. Condenación de la ideología democrática por los Papas 43
1. la necesaria soberanía popular: el pueblo es necesariamente soberano, tiene el poder sólo de sí mismo y lo conserva, incluso después de haber elegido a sus gobernantes.
2. la ilegitimidad de todo régimen que no tiene por base la soberanía popular o cuyos gobernantes aseguren recibir el poder de Dios.

De allí, como consecuencia práctica:

1. la lucha para el establecimiento universal de la democracia.
2. la ✭✭cruzada de las democracias✮✮, contra todo régimen que hace referencia a la autoridad divina, calificado entonces de régimen ✭✭sacral✮✮ y
✭✭absolutista✮✮. En relación a esto, el tratado de Versalles de 1919, que suprimía las ´ultimas monarquías verdaderamente cristianas, fue una victoria liberal y, en especial, masónica.
5
3. el reino político de las mayorías, que se supone expresan la sacrosanta e infalible voluntad general.

Frente a ese democratismo que penetra ahora la Iglesia con la colegialidad, suelo repetir que la mayoría no hace la verdad. ¿Qué puede ser construido sólidamente fuera de la verdad y de la verdadera justicia hacia Dios y hacia el prójimo?

7.2. Condenación de la ideología democrática por los Papas. Los Papas no han cesado de condenar esta ideología democrática. León XIII lo ha hecho ex profeso en su encíclica Diuturnum Illud que ya he mencionado.

Muchos modernos, siguiendo las pisadas de aquéllos, que en el siglo anterior se dieron el nombre de filósofos, dicen que toda potestad viene del pueblo; por lo cual, los que ejercen la autoridad civil, no la ejercen como suya, sino como otorgada por el pueblo; con esta norma, la misma voluntad del pueblo, que delegó la potestad, puede revocar su acuerdo. Los católicos discrepan de esta opinión al derivar de Dios como de su principio natural y necesario, el derecho de mandar.
5
Cf. H. Le Caron, Le Plan de Domination Mondiale de la Contre-Eglise [El Plan de
Dominación Mundial de la Contra-Iglesia], Fideliter, Escurolles, 1985, pág. 22.
44 7. Jesucristo, ¿Rey de las Repúblicas?
Importa que anotemos aquí que los que han de gobernar las repúblicas, pueden en algunos casos ser elegidos por la voluntad y juicio de la multitud, sin que a ello se oponga ni le repugne la doctrina católica. Con esa elección se designa ciertamente al gobernante, mas no se confieren los derechos de gobierno, ni se le da la autoridad, sino que se establece aquí en la ha de ejercer.
6
Por lo tanto toda autoridad viene de Dios, incluso en democracia! Toda autoridad viene de Dios. Esta es una verdad revelada y León XIII la establece sólidamente por la Sagrada Escritura, la tradición de los Padres, y finalmente, por la razón: una autoridad que emana sólo del pueblo, no tendría fuerza para obligar en conciencia, bajo pena de pecado.
7
Ningún hombre tiene en sí o por sí la facultad de obligar en conciencia la voluntad libre de los demás con los vínculos de tal autoridad. Únicamente tiene esta potestad Dios Creador y Legislador de todas las cosas: los que esta potestad ejercen, deben necesariamente ejercerla como comunicada por Dios.
8
Finalmente, León XIII muestra la falsedad del contrato social de Rousseau,
que es el fundamento de la ideología democrática contemporánea.

7.3. La Iglesia no condena al régimen democrático

Quiero señalar ahora que no toda democracia es liberal. Una cosa es la
Ideología democrática, y otra, el régimen democrático; la Iglesia condena la ideología, pero no el régimen, que es propiamente la participación del pueblo en el poder. Ya Santo Tomás justificaba la legitimidad del régimen democrático:

Que todos tengan una cierta parte en el gobierno, ayuda a que sea conservada la paz del pueblo; a todos les gusta tal organización; y vigilan para conservarla, como dice Aristóteles en el libro II de su Política.
9
6
En E. P., pág. 269, n. 2-3.
7
Podría obligar mediante la amenaza de penas, pero ¡no es así, diría Juan XXIII en Pacem in Terris, que se promueve la búsqueda individual del bien común! La autoridad es, más que nada, una fuerza moral.
8
Encíclica Diuturnum Illud, en E. P., pág. 270, n. 6.
9
I-II, cuest. 105, art. 1.

7.4. ¿Qué es una democracia no liberal? 45

Sin preferir la democracia, el Doctor común estima que el mejor régimen político es concretamente una monarquía en la cual todos los ciudadanos tienen cierta participación en el poder, por ejemplo, eligiendo a aquellos que han de gobernar a las órdenes del monarca; esto, dice Santo Tomás, un régimen que alía bien la monarquía, la aristocracia y la democracia.
10
La monarquía francesa del Antiguo Régimen, como muchas otras, era más o menos de esa clase, a pesar de lo que digan los liberales; existía entonces entre el monarca y la multitud de súbditos todo un orden y una jerarquía de múltiples cuerpos intermedios, que sabían hacer valer sus pareceres competentes ante la autoridad. La Iglesia católica no impone preferencia por tal o cual régimen; admite que los pueblos elijan la forma de gobierno más adaptada a su genio propio y a las circunstancias:
Nada impide que la Iglesia apruebe el gobierno de uno solo o de muchos, con tal que sea justo y tienda al bien común. Por eso, salva la justicia, no se prohíbe a los pueblos el que adopten aquel sistema de gobierno que sea más apto y conveniente a su carácter o a los institutos y costumbres de sus antepasados.
11
7.4. ¿Qué es una democracia no liberal?
Confieso que una democracia no liberal es una especie rara, hoy desaparecida, pero tampoco es enteramente una quimera, como lo prueba la república
de Cristo Rey, aquella del Ecuador de García Moreno en el siglo pasado. He aquí entonces las características de una democracia no liberal:

Primer principio: El principio de la soberanía popular: en primer lugar, se limita al régimen democrático, y respeta la legitimidad de la monarquía. Además, es radicalmente diferente de aquel de la democracia rousseauniana: el poder reside en el pueblo sí, pero ni original ni definitivamente: es de Dios que viene el poder al pueblo, de Dios Autor de la naturaleza social del hombre, y no de los individuos-reyes. Y una vez que los gobernantes son elegidos por el pueblo, este último no conserva el ejercicio de la soberanía.
12
10
Ibid.
11
León XIII, Encíclica Diuturnum Illud, en E. P., pág. 269, n. 3.
12
Cf. Diuturnum Illud, citado más arriba y en Mons. de Ségur, La Revolución (expliquee aux Jeunes Gens) [La Revolución (explicada a los Jóvenes)], Trident, Paris, 1989, págs.
71-73.
46 7. Jesucristo, ¿Rey de las Repúblicas?

Primera consecuencia: no gobierna una multitud amorfa de individuos sino el pueblo en cuerpos constituidos: los jefes de familia (quienes podrán legislar directamente en Estados muy pequeños, como p. ej. el de Appenzell en Suiza), los paisanos y comerciantes, industriales y obreros, grandes y pequeños propietarios, militares y magistrados, religiosos, sacerdotes y obispos, es, como dice Mons. de Ségur, la nación con todas sus fuerzas vivas, constituida en una representación seria y capaz de expresar sus votos por sus verdaderos representantes y de ejercer libremente sus derechos.
13
Pío XII a su vez distingue bien el pueblo y la masa:
Pueblo y multitud amorfa, o, como suele decirse, ✭✭masa✮✮, son dos conceptos completamente diferentes. El pueblo vive y se mueve con vida propia; la masa es de por sí inerte y no puede ser movida sino del exterior. El pueblo vive de la plenitud de la vida de los hombres que lo integran, cada uno de los cuales en su propio puesto y modo particular es una persona consciente de su propia responsabilidad y de sus propias convicciones. La masa, por el contrario, espera un impulso del exterior, es fácil instrumento en manos de cualquiera que conozca sus instintos e impresiones, y está pronta a seguir hoy una bandera y mañana otra.
14
Segunda consecuencia: Los gobernantes elegidos, incluso si se los llama, como dice Santo Tomás, vicarios de la multitud, lo son solamente en el sentido de que hacen en su lugar lo que ella no puede hacer por sí misma, a saber, gobernar. Pero el poder les viene de Dios de quien toda paternidad en el cielo y sobre la tierra recibe su nombre (Ef. 3, 15). Los gobernantes son por lo tanto responsables de sus actos primero ante Dios, del cual son los ministros, y secundariamente ante el pueblo, por cuyo bien común gobiernan.

Segundo principio: Los derechos de Dios (y los de su Iglesia, en una nación católica) son puestos como fundamento de la constitución. El decálogo es entonces el inspirador de toda la legislación.

Primera consecuencia: la ✭✭voluntad general✮✮ es nula si va contra los derechos de Dios. La mayoría no ✭✭hace✮✮ la verdad, ella debe mantenerse en la verdad, bajo pena de una perversión de la democracia. Pío XII subraya con
13
Op. cit. pág. 73.
14
Radio Mensaje de Navidad de 1944.

7.4. ¿Qué es una democracia no liberal? 47

Razón el peligro inherente al régimen democrático, y contra el cual la constitución debe reaccionar: el peligro de despersonalización, de masificación y de manipulación de la multitud por grupos de presión y mayorías artificiales.

Segunda consecuencia: la democracia no es laica, sino abiertamente cristiana y católica. Se conforma a la doctrina social de la Iglesia en lo concerniente a la propiedad privada, el principio de subsidiariedad, y a la educación, dejándola al cuidado de la Iglesia y de los padres, etc...

Resumiendo: la democracia, no menos que otro régimen, debe realizar el reino social de Nuestro Señor Jesucristo. La democracia debe también tener un Rey: Jesucristo.

8.3. Consecuencias últimas

De modo que en esta situación política de que hoy día muchísimos se han encariñado, ya se ha formado una costumbre y tendencia, o de quitar completamente de en medio a la Iglesia, o de tenerla atada y sujeta al Estado.

En gran parte se inspira en estos designios lo que los gobernantes hacen. Las leyes, la administración pública, la enseñanza laica de la juventud, la incautación de los bienes, y la supresión de las órdenes religiosas como la destrucción del poder temporal de los Romanos Pontífices, todo obedece al fin de herir el nervio vital de las instituciones cristianas, sofocar la libertad de la Iglesia Católica y triturar sus otros derechos.


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